Recuerdo como si fuese ayer mi época de cocinero en el desaparecido parador nacional de Bailen,  donde trabajabamos un buen equipo de compañeros de los cuales ya no están con nosotros algunos de ellos, donde saboreamos esa sensación de seguridad de un puesto de trabajo fijo que hoy en día es tan difícil de conseguir, ya que los tiempos en que vivimos son poco agradecidos para conseguir un puesto así, con el que ver un futuro seguro hacia una buena jubilación que hoy  se aleja cada día mas y mas.

Recuerdo con mucho cariño lo que me decía Juan de la Rua Lizen (Jefe de comedor), un gran gourmet  y un amante incondicional de la buena cocina,  cuando se jubiló por una  enfermedad terminal, me dijo:  “cuando tenia salud no tenia tiempo, y ahora que tengo tiempo me quita Dios la salud” le gustaba mucho leer y tenia una biblioteca en su casa de Granada como yo jamás había visto, con muchos libros por leer y su pasión por la pintura, muchos cuadros por pintar.
El sabia 8 idiomas, y había trabajado como jefe de comedor en muchos grandes hoteles de europa, incluso fue director de alguno de ellos, el me comentó que los mejores días de su vida profesional los paso en el parador de Bailen, y estuvieron en su mente hasta el ultimo de sus días.

Otro compañero que marcó mi forma de ser como cocinero,  fue  Domingo Garcia Lucena (2º jefe de cocina),  no le gustaba mucho enseñar a los que empezábamos con muchas ganas de aprender, su aprecio y cariño había que ganárselo poco a poco y dia a dia,  pero con solo observarlo trabajar, podias aprender lo que no esta escrito en los libros de cocina, esa seguridad, perfeccion y buen gusto de los platos que preparaba, todavía los recuerdo. Solia decir “quien bien te quiere te hara llorar ” la verdad que conmigo lo consiguió, creo que en el fondo me quería, y una gran parte de su forma de trabajar forma parte de mi.

Cuando cerraron el parador de Bailen, el se prejubiló, y en su casa seguía haciendo lo que a el tanto le gustaba, cocinar, pero no por mucho tiempo, ya que una mañana dejo de cocinar para siempre, por lo menos en este mundo.

Y por último el jefe de cocina del parador de Bailen,  José López Rodríguez, él fue quien me dio el ultimo empujón para que la cocina, que en principio era mi trabajo se convirtiera en mi pasión.

 Como jefe, se comporto como sus antecesores, siendo estricto y siguiendo las directrices que la empresa le exigía para conseguir los objetivos marcados,  el nos enseñó todo lo que sabía de pastelería y repostería, ya que en esas técnicas era un fenómeno,  y nos dejaba a todos iniciativas a la hora de confeccionar la multitud de platos que se elaboraban, siendo siempre supervisados por él, cuando  cerraron el Parador de Bailen, el  dejo la red y se incorporó a la escuela de hostelería de “la Laguna” en Baeza, para inaugurarla, en la cual estuvo varios años siendo monitor jefe de cocina, hasta que le llego la jubilación por una enfermedad que  lo aparto de nosotros, cuando dejo de ser mi jefe, se convirtió en mi amigo y descubrí una persona como pocas he conocido.

Yo tenía en esa época, como hobby la informática y la cocina como trabajo y hubo un tiempo que quería dejar la cocina para ser informático, el me dijo, “Sebas  sigue en la cocina y enseña todo lo que has aprendido para que esos conocimientos no se pierdan y sigan vivos en la gente que quiera aprenderlos”, y le hice caso.

Tres personas que han marcado fuertemente mi forma de entender la pasión que siento por la cocina, y seguro que en la otra vida ellos estén haciendo lo que en esta no les dio tiempo..

Anuncios